Un vino se puede valorar, apreciar pero siempre disfrutar. Y como aquella canción de Krahe, no todo va a ser catar.Jóvenes por el vino juntó ayer a una treintena de veinteañeros con ganas de pedir una y otra copa hasta apurar las botellas en el Bar Cubarsa.
El local regentado por José Luis y Miguel, es un bar de barrio muy jóvenes por el vino. Con decenas de referencias de blancos, tintos y rosados y cajas de las buenas, de las de doce, repartidas por todos los rincones, los hosteleros ofrecen un vino con una tapa a un precio muy asequible. Situado en la zona de la estación de autobuses y acostumbrado a un público que piensa más en canas que en estudios o novias, fue parte muy importante del disfrute general entre los jóvenes convocados por la asociación.

Y como en un buen tablao flamenco, los camareros del Cubarsa pusieron la guitarra en manos de la asociación para que el siguiente vino no cayese sobre estomago vacío. Raciones de jamón acompañaron una cata improvisada mientras entre todos disfrutaban de las casi veinte botellas que vaciaron olvidando los cubatas que suelen acompañar cualquier jueves.

Todos tintos, como podían haber sido todos blancos, de la zona de la Ribera del Duero y de Toro con una expresión continua entre los tertulianos tradicionales del Cubarsa:

“Da gusto ver a un grupo de jóvenes tan grande disfrutando juntos mientras toman un vino”.