Si a Castilla hay que pintarla sangre, usaríamos de tinta el elixir de Baco.

Somos y seremos lo que fueron nuestros abuelos. Habitantes de una tierra en que solo quedan paisajes floridos únicamente gracias a la vid.
El granero de Europa es también, y no solo lo dicen los viticultores,
sino los mejores críticos, una de las mejores zonas para el viñedo del mundo. Mencía, Garnacha, Tempranillo, la maravillosa Verdejo a la que había que hacerle una estatua en La Seca o Rueda. Cigales y su diversidad. Variedades que nos dejan un vino con un carácter común. El Duero y su cuenca, que hacen al hombre recio y a la uva eterna, nos da vinos con tóques de viveza y frescor envidiados de Haro hasta Logroño, de Cognac a Borgoña, de Napa a San Francisco…
Los andaluces nos ganarán a graciosos, que tampoco, los franceses a quesos, pero sólo los que no han probado un Flor de Esgueva; pero en el vino, como en casa, en ningún lado.

“No muerdas la mano que te da de comer” decimos mientras bebemos cubalibres. Y por eso jóvenes, hosteleros y bodegueros tenemos que fomentar este consumo responsable, que la cultura, por lo menos la nuestra, se bañe en vino”

JÓVENES POR EL VINO